La herramienta fundamental de trabajo en la actualidad es el equipo, pues es imprescindible para optimizar los talentos que hay en las empresas y expresar puntos de vistas distintos a la hora de enfrentarse a un conflicto.
Un jefe se centra en la gestión de recursos, pero un líder debe centrarse en la dirección de las personas.
Para pasar de ser jefe a ser líder de equipo, hay que adquirir una serie de habilidades imprescindibles para coordinar a los miembros del equipo y asentar las bases del desempeño de alto rendimiento.
Un grupo no es un equipo, pues un equipo obtiene mejores resultados.
Un equipo es un número de personas con habilidades complementarias, comprometidas con un propósito común, objetivos de rendimiento y enfoque, de lo que se consideran mutuamente responsables.
Pequeño número de personas: entre 5 y 12 miembros, siendo 6 el número más efectivo.
Habilidades complementarias: en el equipo deben coexistir tres tipos de habilidades:
Habilidad técnica.
Habilidad para la toma de decisiones y resolución de conflictos.
Habilidades interpersonales.
Propósito común: un propósito común estimula el compromiso. Es indispensable convertir las directrices de la compañía en objetivos concretos, evaluables y cuantificables.
Enfoque: compromiso sobre las tareas.
Responsabilidad común.
El saber se multiplica.
Genera un entorno abierto de creatividad e innovación.
La calidad de rendimiento se eleva.
Responden a los cambios en tiempo real.
Desarrollan capacidad de adaptación.
Ofrecen a sus miembros empleabilidad.
La diversidad enriquece a la organización.
El clima laboral mejora.
Estimula el intelecto y se divierten.
Empujan a sus organizaciones.
Definir la importancia de propósito: compartir la urgencia del proyecto y lo trascendente que resulta para la empresa.
Marcar la dirección: la visión debe ir acompañada de la misión. El líder debe puntualizar las razones por las que la empresa existe y el objetivo concreto que del que va a ocuparse el equipo para contribuir a esa misión.
Selección de los colaboradores: todos deben ir en la misma dirección.
Cuidar al máximo los primeros contactos grupales: las interacciones de estas aproximaciones iniciales, así como las primeras operaciones y gestiones, deben ser cuidadas y conducidas por el líder, la primera impresión cuenta.
Detallar tareas inmediatas acompañadas de metas de rendimiento: los miembros de equipo necesitan que se les precise un catálogo de tareas a realizar.
Informar con regularidad al grupo.
Compartir tiempo para lograr un grado de cohesión efectivo y conocerse.
Recompensa: el equipo necesita que se aprecie su valor.